jueves, 17 de octubre de 2013

El 6 de julio.




Un clima perfecto...

Es lunes, 6 de julio. La lluvia cae de gota a gota sobre las sombrillas de todos los invitados, retumbando en cada parte de mi ser como si de tambores en mi cabeza se trataran. Cada una con un golpeteo diferente y a la vez igual. Una gota, distinta a otra y las millones de gotas cayendo sobre nosotros en ese preciso momento... y todas igual, un evento maravilloso, extraordinario y sin la más mínima importancia para la situación que se estaba viviendo.

Lo noté al principio con un simple "tac"....

Otra gota "tac"...

"tac"...

"tac" "tac"... 

Es 6 de julio, la media del verano acompañada de hojas rojas y amarillas sobre las copas tenebrosas de los árboles. Este día de mi infancia también estaba siendo acompañado por la lluvia, la bella y asquerosa lluvia. 

La mano de Andrea es suave, en mi lenguaje bruto, estúpidamente suave. Al tacto del agua ella se emociona y sonríe, mueve los brazos como niña chiquita y deja que sus coletas de cabello negro se empapen en su júbilo... Yo no. Odio la lluvia, ¡¿a quién en su sano juicio se le ocurre llevar a un hidrofóbico a un parque en época de lluvia?! Bueno, también ahí voy yo de baboso permitiéndolo. Ella se regocija en mi complacencia fingida y sigue sonriendo.

Las gotas caen sobre su rostro y cabeza, la veo, la escucho, la observo detalladamente... Ese sonido. Cada vez que ella alza la cara lo escucho, cada gota, igual a todas las millones de gotas que se precipitan sobre ella, pero únicas. Únicas en el sentido de que están cayendo sobre Andrea, las hace, por alguna razón hermosas, pero el sonido me aturde. No sé cómo describirlo, quizá la onomatopeya más cercana sería un "tac"...

"tac"...

"tac"...

"tac" "tac" "tac"...

Es lunes, 6 de julio. Miro a todos los invitados, las lágrimas caen al compás de la lluvia y se pierde lo salado de su sabor inmediatamente entre las dulces gotas de la lluvia. En mí sólo resbalan, no se combinan con lágrimas porque no las hay, las habría si supiera lo que sucede, probablemente estaría como mi madre o mis hermanas, intentando desahogar el pesar que tienen en este momento, liberar las penas, mostrar su esencia. Pero no yo; yo ni sé lo que pasa.

Bajando escaleras, mirada al suelo, mi cabello no puede estar más mojado y a la mente me llega Andrea. ¿Dónde está?... Sé que la vi hace un rato entre la multitud, serena, tranquila... seria. No soporto cuando está seria. ¡Ah! Ahí está, con mi hermana a su hombro, que linda se ve... Siempre le he dicho que el negro es un color muy elegante y debería usarlo más. Probablemente después de hoy deje de hacerlo, no creo que sea una muy buena idea.

Tres personas más me ayudan a cargar este peso, cada dos de un lado, dando pasos lentos y con flojera y dolor, la cabeza gacha y ninguno dice nada. Frente a mí está mi hermano, Daniel, no un hermano de sangre, así les digo a mis más cercanos amigos.

Es 6 de julio también. Sentado frente a mí, Daniel no deja de leer y escribir, a parte ¡participa en clase! ¿Qué clase de persona viene a de hecho poner atención? Espera, al parecer sólo yo no estoy prestando mi valiosísima atención. ¿Qué clase es? ¡Claro! Es historia... Que flojera, ¿revolución otra vez?, este tema nos lo han metido hasta por debajo de la lengua, disculpen mi lenguaje. Daniel se ve tan teto, con sus lentes y todo, es como un "nerd"... Sin embargo tiene menos problemas que yo. Mira hacia atrás y me pasa un cuaderno con apuntes y una nota al pie de la página: "Como sé que no pones ni un huevo de atención, copia mis apuntes". 

De regreso al lunes, 6 de julio... Daniel mira hacia atrás, me observa fijamente con una mirada destrozada y sólo asiente con la cabeza, en sus ojos lo vi, claramente como cuando usted lee esta frase, escrito en su ver "Cómo sé que no pones un huevo de atención, yo te guío".

Un escalón... "tac" "tac" "tac" "tac"...

El siguiente... "tac" "tac" "tac" "tac"...

Un tercero... "tac" "tac" "tac" "tac"...

El último... "tac" "tac" "tac" "tac"...

He pensado ya un rato, vivencias, memorias y nostalgia, sólo quedan unos metros para llegar al último destino. Los pasos los empezamos a dar como con arrepentimiento, nadie lo dice, pero sé que nos sentimos como el verdugo de esta situación, cargándolo, amándolo y odiando lo que le ha pasado...

El 6 de julio se acercó a mí el señor de la casa, Herman, mi padre. "Hoy tendrás tu primera lección de manejo", me dijo. Lo expresaría con risas y júbilo, pero espere a saber lo que el muy chistoso me hizo. Si acaso tendría unos 12 años, a punto de cumplir 13 en agosto. Mi padre me toma de la mano y me acompaña lentamente hasta su automóvil; un mercedes del año del caldo, bellísimo, todo un clásico y me ayuda a subirme en el asiento. Con paciencia y virtud empieza a mostrarme cómo "espejear" y me empieza a explicar las reglas básicas de un coche. Al final de todo esto, me entrega las llaves y me dice "enciéndelo"... La mirada se me iluminaba, mi corazón no dejaba de bombear, tragué saliva, me sudaron las manos y no podía contener lo bello de la situación. Introduje la llave y le di vuelta sólo para escuchar el rugir de ese motor, la vibración del coche y la vibración de mi alma, acto seguido, mi padre apaga el coche y me dice "esa fue tu primera lección", se ríe y se va.... Desgraciado, pero sé que yo le voy a hacer lo mismo a mis hijos cuando tengan como 12 años.

Es lunes, 6 de julio... Bajando el féretro que contiene a mi padre, mi bello padre, la mirada se me apaga, mi corazón no deja de bombear, trago saliva, me sudan las manos y no puedo contener lo doloroso de la situación y conforme baja cada centímetro, una lágrima mía se despide de mi cuerpo para irse con él a la otra vida, por cada centímetro doy dos lágrimas, doy dolor y me hinco de la frustración, rogándole al Señor que tenga piedad de todos los presentes y esto sea sólo una pesadilla, por favor Señor, deja de hacernos sufrir y doler, deja ya hacer que las lágrimas recorran mi rostro, evita que esto sea verdad... Pero Nadie respondió...

Lunes 6 de julio... Este día descubrí la esencia de lo que me faltaba.




Prólogo







Para serle sincero a toda la gente que va a empezar a leer esto, soy un joven de 21 años... atorado en la bella ciudad capitalina de este maravilloso país, México. Edgar Kiehnle Montejano es como fui bautizado y a la fecha me llamo así. Si me buscan en internet no encontrarán nada de mí... o eso espero. 

Sinceramente, soy el chico de a lado, un don nadie por el momento que busca ser algo más, un ávido jugador de videojuegos que sólo quiere dejar su marca en el mundo. Ya sea por hacer algún descubrimiento importante en la psicología, hacer una novela tan grande y fabulosa que la gente logre disfrutar de tantas ideas locas que tengo en la cabeza o simplemente... ser un buen padre y un buen esposo.

La idea de este libro nació, no porque un día sucediera algo increíble y mi vida diera un giro de 180º, no surgió de la inspiración de ese momento único en la vida que se te da para que cambies todo y te vuelvas un santo... Sino, de las risas de mis amigos, de los besos de mi novia y de la educación que mi madre considera que me enseñó de manera obsoleta, claramente no lo fue, a mi forma de verlo crió a un hombre de bien, con sus errores, pero de bien. A todos ellos les agradezco la muy valiosa parte que contribuyeron para este proyecto, les agradezco todos sus consejos, malos y buenos, les agradezco todas sus locuras y sobre todo les agradezco que hayan estado para mí, aguantándome. 

Dejando la parte cursi a un lado, regreso al tema. La idea de este libro nació hablando con mis mejores amigos en el coche, comentando el cómo la gente del mundo podría divertirse, podría llorar, podría sentir suspenso y acelerarse con adrenalina al escuchar, o leer en este caso, la historia de este tan peculiar grupo de gente. Fue un comentario al aire inicialmente, pero durante varios días lo estuve pensando y me di cuenta que teníamos razón. 

Para las edades que tenemos, nuestras vidas han sido una verdadera aventura, todos tenemos experiencias de vida que simplemente no son normales para un niño o para un joven, ni siquiera para un adulto. Nos hemos expuesto tantas veces a tantas estupideces que aún no llego a comprender cómo es que todos seguimos vivos. 

Así que hoy, decidí tomar las riendas, tomé mi pluma, tomé un papel y comencé este prólogo, esta idea, este sueño que voy a dirigir a todos aquellos que no quieran leer respecto a las proyecciones fetichistas de una mujer, para los que no quieren leer que al final de todo "era un sueño", para aquellos que no son del equipo "lobo" o del equipo "vampiro"... Este es un libro con el que busco envolver a la gente en historias reales con un toque ficticio, historias en las que ustedes se van a proyectar, historias tan vividas por generaciones antes de nosotros y generaciones que vivirán después. Este libro es para ustedes, mujeres, hombres, gente letrada o no, para ustedes que quieren tomarse un café al leer, para ustedes que no pueden dejar de sonreír y mover las manos como dirigiendo a una orquesta en la calle o en el metro, para aquellos que no han salido de su cuarto por más de 16 horas para poder terminar un videojuego nuevo, aquellos que tiemblan y gritan en las películas de terror y que a la fecha, "Eso" les genera traumas. Es para todos ustedes mis bellos lectores, esta es la vida desde mi punto de vista.

En esta historia encontrarán un poco de todo, sin embargo haré que se enfoquen en un joven viviendo en en una sociedad llena de disturbios, un mundo paralelo al nuestro, similar más no igual. Comenzando con una parte de su infancia hasta su edad adulta. La ficción y la fantasía rodean este mundo en dónde el núcleo son los mismos pensamientos de nuestro personaje principal y cómo él y sus acompañantes crecen, viven, mueren o sobreviven a todas su experiencias. 

Sus amores y desamores, las amistades y la soledad, los eventos traumáticos y la unión de su vida  a algo mayor e inimaginable, la vida de un hombre, la vida de los que lo rodean, la vida de los afectados y moldeados por sus acciones... la vida, vista desde el fuego que crece o se apaga en nosotros.

PD: Este proyecto es como con las novelas antiguas, quiero que los lectores se metan en la historia, quiero que comenten y opinen, que digan qué se les ocurre para el siguiente capítulo... Quiero construir esta historia a su lado, a lado del público, de los lectores, quiero transmitirles lo que ustedes y yo queremos. Espero se unan y sigan las publicaciones semanales que estaré haciendo para ustedes y para mí.

Original a 17 de octubre del 2013 por Edgar Kiehnle Montejano.